sábado, 27 de febrero de 2010

Hacia la Música

Descubrir mi pasional vocación por la música no fue algo que me ocurrió de forma inmediata.

A la edad de cuatro años, tenía clarísimo que, cuando me hiciese mayor, quería ser médico, mago y arqueólogo a la vez. Empujar mi carrito de plástico de primeros auxilios, lleno de algodones, tiritas, botes de diferentes tamaños, jeringuillas, fonendoscopio, ¼ me parecía lo máximo, junto con mi caja de juegos de magia y los bolsillos cargados de todo tipo de piedras, que iba recogiendo de cualquier lugar, me hacían sentir el rey del mundo.

Pensaréis qué hace un arqueólogo recogiendo piedras por doquier. Todas y cada una de ellas me parecían únicas y singulares, pertenecientes a tiempos pasados y gloriosos; cualquier resto de cerámica o vidrio roto era un resto arqueológico. Yo entonces soñaba con Egipto, hasta el punto de agotar los rollos de papel higiénico en la fabricación de “papiros”.

Cambié mi gusto por la medicina cuando entendí que la vida era perecedera y que el dolor y la vejez existían. La investigación científica me pareció entonces la más sabia alternativa.

Acompañaba todos los días a mi madre a comprar el pan, y la obligaba a detenerse en el escaparate de una óptica del camino para, sin ella saberlo, observar en silencio un maravilloso artilugio: un microscopio de juguete. Necesitaba imperiosamente aquel aparato para la iniciación de mi prometedora y brillante carrera. En unos de mis libros, había observado las cosas tan maravillosas que a través de él podían observarse, desentrañando así misterios acerca de la naturaleza de las cosas: Alas de mosca, un cabello, una gota de sangre, ¼

El día que cumplí cinco años, el microscopio pasó a ser de mi propiedad.

Posteriormente, y tras no pocos experimentos científicos, comprendí que, complementariamente podía emplearme en otras profesiones, como la de astrónomo, inventor y empresario, encontrando maravillosas oportunidades de negocio en el reciclaje de, por ejemplo, los tetrabricks de leche o en la creación de un circo de hormigas.

Los aplastantes y adultos argumentos del entorno, daban al traste con casi todas mis más genuinas incursiones en los diferentes ámbitos profesionales más interesantes, como la de hacerme constructor de aviones con piezas de desguace, aviones que soñaba pilotar para ver el mundo desde arriba. Sólo conseguí ver el cielo desde abajo, eso sí, a través de un potente telescopio que sonsaqué a mi padre.

También coqueteé con diferentes deportes: natación, bicicleta, tenis, paddle, kárate, skateboarding, ¼ Aunque desgraciadamente, ninguno consiguió entusiasmarme lo más mínimo y aquellas magníficas cualidades, que decían descubrir en mí los profesores que tuve en mi infancia, con los años se fueron multiplicando en inaptitudes. He de confesarles, que creo poseer actualmente el récord de las peores marcas en la asignatura de Deporte de todo el colegio.

Me gratificaba enormemente la lectura y el dibujo. Posiblemente, el hecho de haber nacido y crecido entre profesionales extraordinariamente cualificados para la pintura, me hacía sentir que mis expresiones gráficas estaban faltas de algo, incompletas. Decidí, por darles más expresividad, dotarlas de palabra, y me entregué a dibujar cómics y a escribir. No obstante, continuaba insatisfecho, la palabra no era suficiente, les faltaba algo, ¼ MÚSICA

Bien por este motivo, o por mi insaciable curiosidad, decidí solicitar a los Reyes Magos un meditado, único y estupendo regalo: una guitarra eléctrica.

Bueno, no todo sale siempre a pedir de boca. Y sí, los Reyes me trajeron una guitarra, pero no eléctrica, sino española. De seguro que quisieron cerciorarse si aquello era lo que realmente quería. Cuando constataron que en la soledad de mi cuarto aprendí a arrancar sonidos a aquel instrumento, a base de tesón, hasta salirme ampollas en los dedos, tuve la oportunidad de recibir clases de guitarra.

La eléctrica tardó un poco en llegar, pero al fin la conseguí, superando todas mis expectativas pues, si bien es cierto que he invertido e invierto la mayor parte de mi tiempo libre en aprender a interpretar y crear música, con mi guitarra las compensaciones obtenidas a cambio, han sido enormemente gratificantes.

Me gusta expresarme con la música. Mis sensaciones y sentimientos de todo tipo, fluyen, se liberan y me ayuda a profundizar en ellos, llevándome a crear incluso mis propias canciones, a las que suelo poner letra.

Ahora lucho por tener un grupo más sólido. No es fácil, por el escaso tiempo libre que tenemos.

Además de procurarme la música un maravilloso modo de expresión y canalización, me posibilita llegar a otras personas, e incluso hacer amigos, pues una melodía, una canción, crea una sintonía un calor, una afabilidad que invita a compartir.

Mi primera guitarra me acompaña a menudo en las reuniones de camaradas.

No sé exactamente qué profesión tendré en un futuro, incluso puedo aseguraros que a veces ésto me abruma. Entonces, las notas de mi guitarra me tranquilizan, dándome la seguridad de que, haga lo que haga, con mi vida la música siempre estará presente en ella, haciéndola mejor, más gratificante e indudablemente plena.

Desde estas palabras, os invito a que os deis la oportunidad de tener experiencias musicales, o con otros medios de expresión, que puedan descubriros un mundo maravilloso.

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